miércoles, diciembre 22, 2010

...and you take me the way I am.


Este año fue el año del amor

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¿Viste que Once upon a time? Bueno, en mi reino Once es una plaza llena de chicas en calzas y fundamentalistas religiosos cantando "Déjalo que te toque". Calculá, a ojo nomás, la cantidad de micro-agnosticismos que desarrollamos en estos dos lustros de pacífica convivencia.

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En el principio fue la incredulidad porque "No puede ser, Neitow", no puede ser que este pibe con el que trabajo desde hace seis años me está tirando una onda percutiva de irreverentes índices adrenalínicos, no puede ser que la sana tensión sexual que supimos conseguir se nos esté coronando de gloria en cada traqueteo entre el office y la mampara. No puede ser.

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¿Sabés lo que tardé en decirle "mi novio"?. No, en serio te digo: ¿sabés lo que tardé?. 


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Supongo que al confetti de daddy-issues lo superlativizó una cantidad tan mínima como indispensable de imbéciles ad honorem. Yo creo que toda mujer se merece por lo menos un imbécil en su vida, algún macaron con aires de Georgie que no la puede poner ni en una tacita de té. Es necesario, te sirve de parámetro, te coloca en sincro con la verdad existencial e irrefutable de que orgasm trumps everything. También está bueno tener de los otros, pibes divinos, esos del montoncito feliz. Está bueno tener old good memories y anécdotas chipi chipi (los globos y la mano y Creamfields) y vestiditos con memoria emotiva (rojo, escote cuadrado, déjalo que te toque). Está bueno porque cuando te salta la ficha posta y te complicás con cuestiones como "No puede ser", la valijita te ayuda a notar la diferencia. 

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Mi novio me dice casi siempre Strange, a veces Grinaís (green eyes) y otras tantas Chester (Che, Esther). Me gana practicamente siempre a todos los juegos que no son el Chinchón y disfruta violentándome al extremo en instancias de final televisiva. Chinitos plus House equals plan. A Rous no la tutea y le dice "señora" (Costumbres Argentinas). No usa perfume y me encanta como huele. Siempre anda en zapatillas. Tiene una familia de esas que sólo en las mejores sit-coms y un oído absoluto para el tango. No tiene blog ni usa Facebook o Twitter. A veces le rompería el alma con un palo borracho y otras no me alcanza la singularidad para matarlo de amor. Es hincha de Huracán. La tortilla la come en formato sandwich. Me hace reir. Todo el aura de la relación tiene un no-sé-qué tan verbalmente intransferible que me da pánico pegarme la cabeza contra una pared hecha de cursilería y lugares obvios.


Nunca en la vida me cogieron así de hermoso.


Nunca en la vida confié así de tanto. 


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Este año fue el año de amor.





Hit me, baby, one more time.