miércoles, julio 13, 2011

XOXO

Verdaderamente, un toque de envidia me da toda esa gente que puede gestionarse a ticket to ride para la reinvención. A mí apenas me alcanza para ultra cute micro-empredendimientos, como aprender a cocinar o colgar adorables cuadritos de las paredes. Ojo que  no desmerezco ni ahí mis mínimos súper-poderes de regeneración sino todo lo contrario. Y así es que mientras voy despedazando una zanahoria me pregunto cómo puede ser. Cómo-puede-ser. Estar así. Otra vez. En el mismo lugar de incertidumbre universal. La puta madre me quedé sin detergente. Pienso, mientras rebano un tomate y lo tiro en la sartén, que daría lo que no tengo (un castillo, una vergüenza, una botella de Magistral) por ponerle un switch on-off a la cabeza. O agregarle una función: mute. Pienso, mientras remojo la cebolla (cry me a riBer) que lo que no te mata no te hace más fuerte, lo que no te mata te vuelve loca y te llena el jardín de Barbies tropicales. Ahora tengo una terraza, ponele, y unos vecinos con motos que tienen una perra que se llama Lucy. También hay un almacén en la esquina y ahí la que retoza es Nina. Nina es una gata muy tops tops que a veces me espera en la puerta a las tres de la mañana para jugar con una ramita. Todo igual, del hipotálamo para adentro, todo igual, el mismo amor, la misma murga. Pienso, mientras tiro los morrones y agrego queso crema, que quizás algún día. Pienso, con qué voy a lavar todo esto. Pienso que tengo un frasco de espuma para baño en algún lado. 

Mi vajilla huele a melón. 

Pienso. Luego existo. 

Barely.