martes, diciembre 13, 2011

Somos

Kidnap the Sandy Claws
Throw him in a box
Bury him for ninety years 
Then see if he talks



Cuestión que en Adrogué nunca armamos el arbolito porque, bah, sí, lo armamos once, en 1989 y quedó ahí, todo catatónico, agonizante y otoñal hasta una tarde de marzo cuando alguien tuvo misericordia de él y se lo llevó puesto de un bicicletazo. Entonces Rous dijo "No more fucking Christmas trees" o su equivalente en madre coraje y nunca más un arbolito de Navidad porque ustedes son dos indias que se pasan el verano andando en bicicleta adentro de casa y porque yo soy una Tess McGill que ni ganas tiene de coartarles la impronta creativa when it comes to destruir muebles. Hubo un momento de nuestras vidas en el que no lo armábamos porque teníamos "convicciones", "principios" o algún otro pasatiempo. El argumento era "imagen pagana" pero, guachas, tan de-la-cara-para-adentro, si no arman uno desde la caída del muro de Merlín. Creo que, básicamente, nos representaba mucho a nosotras tres eso del no-arbolito. Porque para boludeces Todo Moda y porque para costumbres argentinas elegíamos armar un circuito de bicisendas improvisado en el living de casa y guarda ese florero. Me está volviendo mucho todo esto justo ahora que Rous, como en las viejas épocas, no tiene tiempo ni para salir a asustar porque tiene mucho trabajo y yo me veo poniendo la misma excusa y priorizando todo esto de la embolia hotelera antes de armar barra fumarme un arbolito y dejar la psicosis para otro día. También porque la última versión de Beautiful Chú no estaría rankeando del todo bien en mi top five de amor o hasta te diría, incluso, que en mi top mil y prefiero recordar la versión en la cual a los seis años y montada sobre una Zanetti verde, se llevaba puesto el dressoir del pasillo. 



Cuando me preguntan por qué no armo el arbolito respondo: "Una larga y antigua tradición familiar".